Sep
11
La reina que tenía testículos
September 11, 2009 |
Vimos en casa de casualidad la carrera en la que Caster Semenya se imponía con absoluta y pasmosa facilidad a todas sus compañeras de la final de los 800 metros lisos. De casualidad, porque no seguimos absolutamente ninguna prueba de la mencionada competición, salvo ésta, que nos encontramos haciendo zapping, pero no pudiemos evitar comentar que la ganadora, pese a no conocerla, pese a no haberla visto nunca, tenía cierta apariencia andrógina.
La sociedad en su conjunto parece tener ciertamente claras las fronteras entre lo que significa ser un hombre y lo que significa ser una mujer, cuando la biología y la naturaleza son ciertamente más retorcidas, imaginativas, y por qué no decirlo, tolerantes con una frontera que puede ser traspasada con suma facilidad, ya sea por nuestra apariencia externa, por nuestros genes, por nuestras hormonas, o simplemente por nuestros gustos personales.
Mientras que nuetros libros de ciencias acostumbran a clasificar el género humano en individuos XX o XY, ya se sabe que existen por ejemplo personas que atesoran en su acervo genético la información XYY (síndrome del superhombre) o XXY.
Casos como el de Caster Semenya no tenía por qué significar nada en condiciones normales. Pero, ¿son condiciones normales cuándo una vez cada 2 o 4 años se reunen el mismo recinto las personas que más corren, que más saltan, o que a más distancia son capaces de arrojar un peso determinado separados en dos categorías cerradas: hombres y mujeres? Indudablemente no.
Ahora que nos han aclarado, lo queramos saber o no, que Caster Semenya, no tiene en el interior de su cuerpo útero, pero sí que tienen un par de testículos (no tengo muy claro que se ajuste a la información de hermafrodita) vemos que el deporte de élite nos lleva a una situación sin ninguna solución elegante.
Para la sociedad, al menos tal y como algunos la entendemos, Semenya tiene derecho a elegir lo que quere ser, a comportarse, vivir y actuar como tal. Dentro de un recinto deportivo, en una competición de alto nivel sus compañeras tienen derecho a reclamar que en la misma prueba que ellas, puesto que no se admite a un hombre, no se admita a una mujer con unas condiciones genéticas que la hacen superior de partida, por poder desarrollar mucha más masa muscular, definitoria en una prueba de este tipo, o por otras razones.
Tal vez debamos concluir que el deporte de élite es absurdo, o sino reconocer que muchos no podemos llegar a ciertas cotas porque la genética nos lo ha negado: por un caso tan peculiar como éste o porque simplemente no damos la talla, ni compitiendo con los del mismo sexo ni con los del contrario.
Comments
4 Comments so far
Eso no es hermafroditismo. Tiene toda la pinta de ser un XY, genéticamente varón pero con resistencia a la testosterona con lo que no se desarrolla su aspecto masculino sino el femenino; o bien alguna otra alteración con el mismo resultado. Un ser hermafrodita expresa los dos sexos, en el caso humano, tanto tejido ovárico como tejido gonadal masculino.
Sí, ya he dicho claro que creo que no se ajusta a esa definición, pero espero haber dejado claro que en este caso me parece lo de menos.
Con dos!! lo que sean ovarios o testículos, pero con dos!!
Felicidades por el blog. Besos!!!
si es que es verle la cara y se ve claramente que es un hombre. o no? salu2!